El brochure es toda aquella papelería publicitaria que integra el conjunto de identidad corporativa. Algunos de los ejemplos más conocidos de brochure son los volantes, los trípticos y dípticos, las carpetas de presentación, los catálogos y, si se quiere ser flexible en la categoría, las tarjetas personales de presentación. El poder del brochure descansa en dos puntos básicos que son los que usted deberá tener en cuenta al momento de mandarlos a diseñar.: la coherencia visual por un lado y la materialidad e inmediatez por el otro.

Coherencia visual: la folletería está inmersa dentro del conjunto de identidad corporativa encabezado por el logo corporativo y segundado por el sitio web. Es imprescindible que el conjunto se mantenga homogéneo, coherente, que se respeten los conceptos de diseño, las gamas y combinaciones de colores, etc. y siendo el brochure un elemento complementarios de los fundamentales logo y sitio web, será la papelería la que se deba adaptara los parámetros fijados por los otros dos. De ningún modo la papelería publicitaria puede optar por un camino que contradiga los elementos de diseño fundamentales porque, si lo hace, no será reconocida como parte de la empresa y se convertirá en un estorbo y en una pérdida de tiempo y dinero.

Materialidad e inmediatez: son dos características distintivas de la folletería. La materialidad es clara si se contrasta un tríptico con un logo, el trípticos está hecho de papel mientras que el logo es un concepto (o, a lo sumo, está hecho de luz). La capacidad que tiene el brochure de ser sostenido entre las manos del receptor le da diferentes posibilidades de interactuar con él de las cuales carecen los demás tipos de diseños. Por ejemplo, el brochure agrega al diseño el sentido del tacto: una empresa constructora querrá que su folletería se imprima en un papel grueso y rugoso que transmita fortaleza y robustez. Y no es sólo esto, las personas se relacionan diferentemente con objetos materiales que con objetos conceptuales o inasibles como un logo o un sitio web: el público se lleva a su casa la papelería publicitaria, comparte con ella la mesa, la guarda en un lugar que sabe que tendrá que visitar. Así, el efecto que tiene es muy interesante: se convierte en un aviso publicitario que el potencial cliente verá cuando esté listo para comprar y será su empresa la que esté ahí para ofrecerle lo que busca.

La inmediatez es más sencilla y se relaciona con la materialidad. Cuando usted recibe un volante en la calle no tiene más que tomarlo y bajar la vista, el volante lo sorprende, usted no lo esperaba, ése es su poder. Claro está que también es su defecto ya que puede importunar al receptor, pero en los casos en que el efecto es positivo, puede ser de mucha utilidad que un peatón cualquiera reciba una publicidad de una empresa o que alguien que está esperando que lo atiendan revise un tríptico explicativo de uno de sus productos.


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