La relación cliente-diseñador es usualmente menospreciada. Esto es un terrible error dado que es justamente en este punto en donde se juega el éxito o el fracaso de un diseño. El diseño requiere de la participación del cliente, de la interrelación del cliente con el diseñador y, si ellos no se entienden, el diseño falla. Veamos cuatro errores comunes que deberán evitarse.

  • Cliente diseñador: el cliente nunca debe diseñar sino informar y comunicarse con el diseñador para que él realice el diseño que el cliente desea. Quien lo contrata deberá limitarse a exponer sus ideas, aceptar o rechazar los bocetos y propuestas del diseñador y a hacer indicaciones sobre dichas propuestas para que éstas lleguen a transformarse en el resultado esperado.
  • Diseñador soberbio: cuando el diseñador no escucha el cliente porque considera que éste no tiene los conocimientos necesarios para opinar es un gran error. El cliente suele no ser un experto en diseño y es justamente por ello que contrata a alguien: el diseñador tiene que escuchar atentamente al cliente y junto con él encontrar lo que se está buscando, ayudarlo y proponerle ideas.
  • Cliente impreciso: el cliente no debe decirle al diseñador que invente algo sino que él debe traer las ideas y conceptos que desea que aquél transforme en objetos gráficos. El decirle al diseñador que haga lo que quiera es un error a menos que uno esté dispuesto a aceptar lo que él haga sin restricciones.
  • Diseñador inseguro: cuando el diseñador no puede trabajar sin indicaciones constantes del cliente el trabajo no está funcionando bien. Sea tanto por tratarse de un diseñador inseguro o de un cliente que está demasiado encima, cualquier caso es malo. El diseñador debe tener un espacio de libertas, de creación, de inventiva y de creatividad: para eso se lo contrata.

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